sábado, 6 de septiembre de 2014

ESTRUCTURALISMO DE LA CEPAL


El trabajo que aquí se presenta contó con el apoyo decisivo de la CEPAL, otorgado a través de un convenio entre esta institución y la Sociedad Internacional para el Desarrollo, SID (Capítulo Uruguay). El convenio se puso en marcha el 1 de abril de 2002. Posteriormente, con mediación de la SID, se lograron colaboraciones adicionales de la ALADI y del Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC-Canadá).
Prólogo

Tengo el gusto de presentar un excelente libro que enriquecerá en varios sentidos a sus, a no dudarlo, muy numerosos lectores.
El estructuralismo latinoamericano cuenta, reseña y analiza uno de los más feraces desarrollos de las ciencias sociales del pasado siglo, que alcanzó gran difusión y aceptación entre los especialistas, interesó a muchísimos responsables de políticas públicas, influyendo a gran número de ellos, y llamó la atención de todos los interesados en el desarrollo económico, social y político de la región.
Tal como el autor destaca, los estructuralistas latinoamericanos comparten ciertas posiciones metodológicas. El "método" del estructuralismo latinoamericano toma especialmente en cuenta las características reales de las situaciones que se analizan, incluidos sus antecedentes históricos relevantes, por oposición a practicar el análisis partiendo de un conjunto de postulados generales y abstractos cuya aplicabilidad se presume independiente del lugar, la época y la historia. Así, el método estructuralista exige en cada caso laboriosas consideraciones sobre el contexto y antecedentes del problema específico que se analiza.
Destacados autores latinoamericanos aplicaron ese enfoque metodológico en distintas épocas y a temas claramente distintos. El mismo Prebisch, a quien se deben contribuciones de gran importancia en la teoría del desarrollo económico en los cincuenta, hizo aportes relevantes en décadas posteriores en temas de orden social. Autores tan diversos como Furtado, Fajnzylber y Medina Echavarría lo utilizaron y consolidaron su desarrollo. Este enfoque disciplinario, como otros casos destacados en la economía y otras ciencias, surgió de contribuciones independientes, no coordinadas de antemano, y resultó en una profunda interacción entre numerosos científicos.
A pesar de que los estructuralistas latinoamericanos nunca parecieron preocuparse de la aplicabilidad de su método a otras regiones, el método despertó interés en economistas y científicos sociales, tanto en regiones subdesarrolladas como en países adelantados. Así, una manera de abordar problemas socioeconómicos que renunciaba a utilizar axiomas de pretendido valor universal y preconizaba la especificidad del análisis a tiempo y lugar, terminó alcanzando, como método, difusión generalizada.
Como se verá en el texto, Octavio Rodríguez trata el tema con sus conocidas lucidez y erudición, guiando además con elegancia y efectividad al lector por el fascinante proceso de cincuenta años en los que el estructuralismo latinoamericano fue tomando forma y rindiendo frutos. En línea con la esencia del enfoque, el autor hace frecuentes menciones de los más importantes acontecimientos de la realidad latinoamericana de ese largo periodo. En todo el texto, en el que así se entretejen realidad y teoría, propuestas y práctica, economía, sociología y ciencia política, el autor usa una especial capacidad analítica y de síntesis que no se ve con frecuencia.
De esta manera, otro mérito del libro es ayudar a ver que el aporte del estructuralismo latinoamericano va más allá de lo metodológico, ya que hace importantes contribuciones sustantivas a la teoría del desarrollo económico y social. El estructuralismo latinoamericano resulta decisivo para responder a la pregunta de cuáles son las principales causas del subdesarrollo de la región, y a la pregunta subsiguiente de qué puede hacerse para superarlo. El carácter polémico de los temas a los que llevan estas dos preguntas entrelazadas, que da lugar a apasionadas posiciones de aprobación o de rechazo, oscurece con mucha frecuencia el hecho de que los estructuralistas hicieron aportes de envergadura para su discusión y obstaculiza con igual frecuencia el reconocimiento del carácter científico -y a veces la brillantez- de esas contribuciones. El libro de Octavio Rodríguez pone esto de relieve, y ese solo hecho lo marca como un trabajo que aporta, a su vez, una contribución original a la literatura sobre el desarrollo.
En el texto queda claro cómo la CEPAL -la casa por excelencia de los latinoamericanos y otros amigos del desarrollo de la región- albergó y dio aliento al nacimiento y evolución del enfoque estructuralista latinoamericano, lo que nos lleva a nuestro último comentario. La CEPAL, mirando el presente y el futuro, no puede dejar de notar la vigencia del enfoque disciplinario que nos deja el estructuralismo latinoamericano. Ello no debe sorprendemos, pues se deriva de la flexibilidad de su método para tomar en cuenta los cambios que a través del tiempo se dan en la situación interna y el contexto externo de cada país.
Las mutaciones que presenciamos en el orden político mundial, en el comercio y en la velocidad del cambio técnico agrandan las distancias que nos separaban de los países avanzados, y también aparecen nuevas brechas. Se toma conciencia de nuevos problemas, como el del medio ambiente, y se asiste a nuevas y a renovadas reivindicaciones sociales, haciendo más rica, compleja y dificil la agenda de las políticas públicas.
Todo ello obliga a echar miradas también nuevas sobre el fenómeno del subdesarrollo. Bien podría decirse que similares cambios de fondo tuvo el mundo de la segunda posguerra y que el estructuralismo ayudó a comprenderlos y enfrentarlos. ¿Por qué negarle la oportunidad de ser similarmente útil ahora? De hecho, los trabajos actuales de la CEPAL, sus investigaciones y sus publicaciones, hacen buen uso del legado del estructuralismo latinoamericano, del cual la CEPAL es beneficiaria directa. Creemos que este libro será muy útil para poner ese legado más al alcance de los muchos interesados en el desarrollo de la región.
Hay más por decir, pero un prólogo mal puede ser una completa reseña o una completa crítica del libro en sí y mucho menos de una obra de la densidad analítica como la que presenta Octavio Rodríguez. Es prudente dejarle ya el uso de la palabra al autor.

ECONOMÍA LINEAL DE ROSTOW- ETAPAS DE DESARROLLO

En los años 60, incluso antes de esa fecha, predominan los modelos de desarrollo lineales o, mejor expresado, unidireccionales: aquellos que van del subdesarrollo al desarrollo, y en los que se visualiza el subdesarrollo como una etapa anterior al desarrollo. Los dos están separados en espacio y tiempo. Una sencilla representación gráficamente se muestra en el Figura Nº 1
Figura Nº 1: Modelos unidireccionales de concebir el desarrollo
En este modelo puede ubicarse la teoría del historiador estadounidense Walt Whitman Rostow, expuesta en The Stags of Growth (1960), la que fue traducida al castellano de manera imprecisa por Las etapas del crecimiento económico. Con esta obra él pretendió dar dinamismo y flexibilidad a la teoría clásica de la producción. Rostow fue uno de los pioneros del desarrollo y su obra constituye una de las más importantes aportaciones a la Economía del Desarrollo.Esta teoría inicialmente es heterodoxa, pues se contrapone al dominio de una teoría económica única aplicable a todos los pueblos. Empero, rápidamente y por sus características monoeconómicas se convierte en la teoría ortodoxa del desarrollo en la década de los años 60 y 70. Rostow tuvo una gran influencia, especialmente, porque fue asesor en el gobierno J. F. Kenedy.
Para Rostow, el desarrollo consiste en una sucesión de etapas por las que han de pasar los países. La idea secuencial indica que el modelo es lineal y unidireccional. A la vez, sugiere una serie de momentos por los que deben atravesar necesariamente todos los países en desarrollo si quieren alcanzar el desarrollo. En este sentido el modelo pretenden ser más normativo que descriptivo. Lo normativo reside en su carácter monoeconómico, es decir, tan sólo existe un único modelo de desarrollo al que deben ajustarse todas las sociedades. Esta simplicidad se hace evidente cuando la experiencia muestra que no es posible obtener recetas para tal objetivo. Los países pueden llegar al desarrollo utilizando diferentes modelos o saltándose las etapas.
El modelo trabaja bajo una visión simplista, ya que, por ejemplo, supone que la inversión en ciencia y tecnología al inicio de las etapas es suficiente para alcanzar el desarrollo. Visión que también prevalece en los artículos que aparecen en la revista Scientific American de septiembre de 1963. En su explicación de la teoría utiliza la metáfora del avión. Dichas etapas son:
(1) Sociedad tradicional: en donde un alto porcentaje de la población trabaja en el campo y produce poco. Esta sociedad es pre-científica y poco tecnologizada. La renta se dedica al consumo de subsistencia.
(2) Condiciones previas al despegue: recoge los frutos de la ciencia post-newtoniana. Mediante la introducción de la ciencia y la tecnología el campesino empieza a producir mucho más, trasladándose a las fábricas. Se dan las condiciones previas para la industrialización. También, se da una expansión del comercio que permite importar capital y materias primas y exportar los productos elaborados. Además, se requiere cambios en las estructuras sociales.
(3) El despegue: una rama de la industria toma auge y genera ganancias. Estos son los llamados sectores guías (industria textil algodonera, ferrocarril, elaboración de alimentos, naval, militar, sustitución de importaciones).
(4) La marcha hacia la madurez: aquí nuevas industrias repiten el proceso de la etapa anterior. Ahora es un proceso autosostenido con aplicación de técnicas industriales modernas. Además, en términos no económicos, el despegue va asociado al triunfo social político y cultural de los grupos modernizantes de la sociedad.
(5) La era del alto consumo de masas: es aquí donde los gobiernos cuentan con recursos para mejorar la condición de las masas mediante la introducción de seguros y otras medidas similares, es decir, el bienestar público. Las características de esta nueva etapa suelen ser: migración a zonas suburbanas, extensión del automóvil a las masas (así como el resto de bienes duraderos), crecimiento del sector servicios, aparición de nuevos sectores guías (vivienda, automóvil, petróleo, caucho, electrodomésticos), importancia del crédito en la formación de capital social fijo, entre otros.
(6) Calidad o más allá del consumo: en los años 60 se creía que se pasaría a esta nueva etapa, produciéndose nuevos cambios: la elevación del coeficiente de natalidad en las sociedades ricas, el decrecimiento de la utilidad marginal relativa de la renta real y el aumento de la importancia del ocio. Todos estos cambios requerirían de una serie de modificaciones sociales y del surgimiento de nuevos sectores guías distintos de los de la fase de alto consumo de masas.
En definitiva, el modelo de Rostow no tiene utilidad normativa, realmente no indica cómo un país en desarrollo puede llegar al desarrollo, por el contrario, la teoría puede ser un obstáculo para el desarrollo, porque se presenta como una receta universal que no se fija en las diferencias locales. Empero, el modelo tiene utilidad descriptiva, pues indica en que etapa del desarrollo se encuentra un país o sirve para visualizar cómo se traslapan las epatas en un determinado país. La información descriptiva es útil para determinar cuáles son las medidas a seguir para alcanzar el desarrollo. El modelo es por tanto descriptivo, y este hecho se debe al mismo carácter histórico de la investigación realizada por Rostow, fundamentalmente él está describiendo como ciertos países, en especial Gran Bretaña, llegaron al desarrollo. Muchas sociedades siguieron estas etapas, pero no necesariamente todos las sociedades, en el momento actual, tienen que seguirlas.